7 feb 2014

Buscando a Don Quijote por los callejones de Guanajuato

La ciudad de Guanajuato es considerada una joya colonial de América. A los mexicanos nos llena de orgullo decir que forma parte de la cuna de nuestra independencia –junto con ciudades como Dolores Hidalgo y Querétaro–, con lugares de suma importancia en la construcción de la historia nacional como la Alhóndiga de Granaditas, tomada por los insurgentes en 1810[1]. Sin embargo, esta ciudad posee un encanto más allá de su atractivo histórico, ya que es, como pocas, un lugar donde el pasado convive con el presente, donde la tradición prevalece sobre la modernidad.

Su fundación se remonta a 1570 como ciudad minera[2], siendo nombrada con el título de Santa Fe y Real Minas; posteriormente cambiaría su nombre a Guanajuato, otorgado en un principio como sobrenombre: “lugar de ranas”. Su riqueza y ostentación se forjó con la explotación de importantes minas de oro y plata como la Valenciana y San Cayetano.

La particular ubicación geográfica de Guanajuato hizo de esta una ciudad con encanto, pues su edificación requirió hacer frente al terreno montañoso y escarpado donde se sitúa. Es así como surgió en el esplendor de su belleza un cúmulo de calles empedradas, callejones estrechos, túneles subterráneos, plazuelas y pintorescas casas con balcones que evocan la nostalgia hispana de ciudades como Toledo.

Todas estas características sembraron en Guanajuato la semilla del romance, cualidad que ha perdurado hasta nuestros días, me atrevería a decir. ¿Por qué?

Ningún viajero que recorre sus calles podría mentir sobre la sensible atmósfera que le envuelve. Caminando de noche sobre el atrio del templo de San Diego de Alcalá se puede uno topar con los tunos, caballeros vestidos a la usanza del siglo XVI con trajes de terciopelo negro, mallas, cuellos isabelinos de encaje y capas que cuelgan cintas de colores como prueba de su cortejo a más de una dama, que brindan su música y alegría en las sonadas callejoneadas. Puede escucharse entre las letras de aquellas melodías la evocación perpetua a las andanzas y proezas de Don Quijote, el culto al vino, a la mujer, al amor con cierto aire cortesano.

“En un lugar de La Mancha
como un hidalgo señor
entre la gente vivía
y era un gran hombre de honor.
El libro cuenta la historia
del caballero español,
la tierra que recorría era
la tierra del corazón.”[3]

Es entonces cuando se hace visible lo esencial, lo que es invisible a los ojos, diría Saint-Exupéry. Hablo del culto, casi veneración, que la ciudad de Guanajuato le otorga a la tradición hispanófila, quijotesca y romántica. Deposita sus raíces y herencia cultural en esa parte de la historia donde aparecen los libros de caballería, donde el honor es una palabra empleada a fuerza de espada, donde Miguel de Cervantes, genio de la literatura española, tiene un pedestal en la capilla cervantina del Museo Iconográfico del Quijote.

Estatua de Don Quijote, Museo Iconográfico del Quijote,
 ©Estefanía Arellano.
Eugenio Asensio, en su Itinerario del Entremés refiere que el carnaval “tiene su hogar el alma del entremés originario, el desfogue exaltado de los instintos, la glorificación del comer y beber(…), la jocosa licencia que se regodea con los engaños conyugales, la befa tanto más reída cuanto más pesada”.[4]

Si analizamos la obra de Cervantes a partir de esta cita, nos daremos cuenta que tanto su obra teatral: los entremeses, como su obra poética y por supuesto, el Quijote, su obra maestra, persiguen hasta el fin esta esencia.


La literatura cervantina nace en un siglo donde una convulsa España luchaba por redefinirse principalmente desde el fondo de su sociedad. El llamado Siglo de Oro español, abarca para su estudio los siglos XVI y XVII; esta máxima edad de las letras hispanas vio desfilar a exponentes como Quevedo, Calderón de la Barca, Garcilaso de la Vega y por supuesto, Miguel de Cervantes. Es una época donde el teatro es un instrumento genial para realizar una álgida crítica social y venerar lo loable de la misma. Es un siglo donde la opulencia del Imperio donde nunca se pone el Sol se refleja en todas las Bellas Artes; el Barroco y Churrigueresco imponen la pauta a imitar.

De esta forma podemos comenzar a develar el vínculo que Guanajuato sostiene con la cultura cervantina. El nacimiento de la ciudad en esta época y su fundación por natos españoles pudiera explicar su tendencia a abrazar y adoptar esta tradición, tan fuertemente arraigada para sus habitantes desde sus inicios.

Pero no es sino la década de 1950 cuando gracias al Maestro Enrique Ruelas que surge la idea de brindar en Guanajuato un espectáculo de teatro al aire libre que rindiese homenaje a la tradición cultural de la ciudad. Es así como surgirán los primeros Entremeses Cervantinos en la Plaza de San Roque, a cargo del Teatro Universitario y más miembros de la comunidad estudiantil de la Universidad de Guanajuato, entonces de reciente fundación.

La gran aceptación de este evento anual fue creciendo, hasta convertirse en un espectáculo de resonancia internacional que llevó a la creación del Festival Internacional Cervantino (FIC) en 1972 por decreto presidencial durante la gestión de Luis Echeverría Álvarez.[5] Actualmente el FIC es uno de los más grandes eventos culturales en el país y también en América Latina, de la trascendencia y talla de festivales internacionales como el Festival Internacional de Música de Cartagena.

El Cervantino, su nombre coloquial, reúne en Guanajuato a millares de artistas de todo el mundo, convirtiendo a la ciudad una vez al año en una catedral consagrada a las artes y al genio Cervantes durante casi un mes.

El reconocimiento, divulgación y propagación de la obra de Cervantes, especialmente de la novela de El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha a través del Festival Internacional Cervantino, el Museo Iconográfico del Quijote, el Centro de Estudios Cervantinos, el Coloquio Cervantino Internacional y el Teatro Universitario, le valieron a la ciudad de Guanajuato ser considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1988 y el año de 2005 se le declara, por el Centro UNESCO Castilla-La Mancha, Capital Cervantina de América.
Estatua de Don Quijote junto al ex Convento Dieguino,
Guanajuato, ©Estefanía Arellano.
 
La ciudad puede ser comparada con un gran libro abierto esperando a ser leído por sus visitantes. Recibe a sus huéspedes con una acostumbrada calidez provinciana enmarcada en una ciudad embebida en cultura. Guanajuato es un lugar para conjugar el romance, vivir la literatura y desentrañar la historia, pasear entre sus calles empedradas cantando con la tuna, sentarse a contemplar la vida desde una banca del Jardín Unión, darse un beso en el tercer escalón del Callejón del Beso, escuchar el llamado a misa junto a la Catedral, mirar el atardecer desde las escaleras de la Universidad, aprehender su esencia de ínfima tradición y no dejarla escapar jamás.

Para P.
Estefanía Arellano @fania_arellano
Relaciones Internacionales, FES Aragón UNAM



[1] http://www.archivohistorico2010.sedena.gob.mx/fichas_historicas/independencia/find_Toma_alhondiga_granaditas.php
[2] http://www.guanajuatocapital.mx/?mod=ciudad
[3] Fragmento de canción de tuna.
[4] Asensio, Eugenio, Itinerario del entremés. Desde Lope de Rueda a Quiñones de Benavente, Madrid, Gredos, 1971.
[5] http://www.ugto.mx/noticias/noticias/4411-develan-placa-por-60-anos-de-entremeses-cervantinos